Algunas notas sobre la concepción de la amada en Garcilaso y Salinas
Olga Torija de la Riva

1. ¿Y tú me lo preguntas? Poesía eres tú: la cosificación de la amada.

2. El filtro de amor: La memoria. La idealización o la intelectualización de la amada

3. La función de la amada: propiciadora del descubrimiento del universo

4.   La amada, el recuerdo, el dolor, la palabra: una nueva realidad.

5. BIBLIOGRAFÍA

1. ¿Y tú me lo preguntas? Poesía eres tú: la cosificación de la amada.

La primera Égloga de Garcilaso empieza haciendo referencia a la expresión poética: se nos habla de “el dulce lamentar” de dos pastores. Ese adjetivo, “dulce” se puede entender como una forma de manifestar el dolor de un modo contenido, expresión característica de Garcilaso. Sin embargo, se puede interpretar que es “dulce” también porque el “sabroso canto” se convierte en materia estética. Los pastores van a explicarnos sus desdichas, como el Salinas de Largo lamento. Pero esa queja es un lamentar dulce en tanto que se convierte en materia estética. [1]

Para Salinas el amor es un modo de conocerse, de conocer a la amada, que en ocasiones está por encima de él (más cerca de la verdad última).  Debido a esta voluntad de conocimiento que facilita el sentimiento amoroso y a que él no entiende una relación amorosa frívola, sino que más bien considera que es necesario llegar al último yo, al verdadero, y resultar así trascendente, valora el sentimiento amoroso como fuente de un conocimiento interior alcanzado de forma explícita y significativa [2] . No llega tan lejos el propósito de Garcilaso que, cabe decirlo, obedece a una tradición en la que no se permite, ni se elogia, la invención. Garcilaso pretende únicamente cantar sus desgracias sirviéndose de las voces de los pastores para convertir el propio sentimiento en poesía a la vez que, de forma secundaria, sin advertirlo, conoce su psicología emocional. No es un conocimiento trascendente en tanto que no puede salvarle de su mal, mientras que la trascendencia que busca Salinas en la elaboración de su poemario le salva del vacío, de la superficialidad de la sociedad en la que vive, de lo intrascendente.

Voluntad de significación, pues, tanto en uno como en otro. Sin embargo, la significación se materializa en ambos de diferentes modos. Creemos que Salinas es el demiurgo de una sombra (la que aparecerá en Largo lamento después de la ruptura con la amada), es el dueño de lo que es él mismo y lo que será su amada a partir del momento en que la pierda, de modo que Salinas es sujeto en tanto que decide acerca del enfoque que dar a su historia de amor. El fracaso de la relación que antes se definía exultante (La voz) o dadora de significado a la propia vida (Razón), será la que, en tanto que Salinas se da a sí mismo el tratamiento de sujeto y es por lo tanto capaz de tomar decisiones, le lleve a cambiar su concepción, no ya del amor, sino del modo en que el ser humano puede seguir siendo trascendente a través de ese amor aunque no haya sobrevivido a los avatares del tiempo: “... voluntad de no olvidar el pasado; porque en él se halla la memoria de haber sido, de una identidad, motivo por el cual vuelve a recorrer el escenario de su dicha -como el Salicio de la Égloga I- en la creencia de que la realidad no es más que un sueño cuya existencia depende de la fe personal”. [3]

La resistencia al olvido es fundamental para Salinas, por eso resulta atemporal el conjunto de su poemario, pues "cuenta" su historia desde la  ausencia [4] .La vida cobra sentido desde el momento en que la amada se entrega, desde que construyen un camino hacia el verdadero ser que se esconde en cada una de las cosas y personas que pueblan el mundo. La experiencia amorosa tiene como primer objetivo el convertir al otro en significativo para sí mismo, el aprender a acercarse a la esencia que desconocemos de nosotros mismos. El amor es, pues, para Salinas, un aprendizaje trascendente.

El poeta, ya lo dice el mismo Salinas en sus ensayos, tiene la capacidad de ver lo que los demás no ven, tiene dos realidades: la que todos son capaces de observar, de entender; y la que va por dentro, a la que él otorga el don de ser verdadera, en el sentido en que se acerca a esa ánima escondida que puebla todo ser y a la que se accede sólo a través del amor. Para explicar ese proceso de enamoramiento del mundo, se sirve de la palabra, de la poesía.

La poesía, por lo tanto, es el modo que tiene el poeta de verbalizar ese mundo escondido a los ojos de las personas que no ven con los ojos del alma. La intuición del poeta se tiene que convertir en lenguaje, claro, que no será un lenguaje lógico, sino el lenguaje de la poesía (del corazón, advierten algunos críticos). El lenguaje discursivo necesita de la progresión temporal, sin embargo el poético puede prescindir de él y expresar las intuiciones del poeta sirviéndose de otros procedimientos que no obligan a ser necesariamente explicativos. Con todo, ese intento de decir lo que los demás no pueden ver ni sentir, es un intento de explicar no sólo la intuición, sino un intento de acercamiento a esa realidad trascendente que se oculta detrás de las cosas y las personas. Salinas dice desde el presente rememorando el pasado, como lo hacen los pastores de Garcilaso. Salinas se aferra a lo que sintió, pero sobre todo, a lo que aprendió, para justificar la propia existencia en el día de hoy. Así el recuerdo se convierte en palabra y cierra la puerta al olvido. El poeta se resiste a olvidar, ya que el olvido significaría la caída hacia la superficialidad de uno mismo, el vacío de la verdadera vida: la interior.  

Salinas necesita, pues, contar con el olvido, ya que para él el recordar el vacío del olvido es ya un acto en favor de la persona a la que se quiere recordar, a pesar de que el olvido lo impida y es por lo tanto lo mismo que si se recordara: "¡Qué olvidadas están ya las sortijas / que decían que nunca olvidaríamos! / Cuando me olvidas, di: / ¿te acuerdas, por lo menos, del olvido? / Recordar el olvido / aunque no tenga rostro, nombre, cuerpo, /es casi no olvidar lo que se olvida. / No te puedo pedir / que te acuerdes de mí como yo era / -una cara, unos ojos, unas lágrimas- /sólo que me recuerdes como a algo que uno recuerda que se le ha olvidado / y sin saber qué es, muy vagamente / lo eche de menos cada cinco días."

 

Se discute y se ha discutido en numerosas ocasiones la importancia real que tiene la amada en poetas como Garcilaso, la creación poética de los cuales responde al ambiente  cortesano en que viven y a las tradiciones que alimentan su poesía, a cuyas pautas se adaptan sorprendentemente. De hecho, no deja de resultar cruelmente irónico que el objeto de amor de Garcilaso, muriera como murió la Laura de Petrarca o la Beatriz de Dante, aún cuando hubiera podido suceder bien al contrario, pues ya el poeta había elegido a Isabel Freire como objeto de su amor y nada podía predecir que fuera a tener la oportunidad de elaborar un Cancionero como el de su maestro Petrarca en forma de églogas. [5] Isabel Freire existió de verdad y parece ser cierto que Garcilaso intentó acercarse a ella como amigo y después como enamorado [6] , a lo que ella lo rechazó, experiencia que podemos leer en la segunda Égloga en la que la amada rechaza a Albanio al conocer el verdadero amor de éste. Así pues, Garcilaso escribe sobre una historia real, sobre unos hechos concretos: enamoramiento, amistad con la amada, ruptura de la relación, alejamiento de la amada, muerte de la misma, rememoración. Garcilaso sufrió en sus carnes lo que nos explica pero no podemos dejar de considerar que la poetización de los propios sentimientos tenían como objeto sobretodo la elaboración estética, aunque es evidente que en Garcilaso ésta se aleja del demostrar habilidades poéticas vacías de contenido, contrariamente a lo que habían hecho sus precedesores, y se acerca en cambio a su íntimo yo, desde el cual nos explica su historia. En las Églogas lo hará a través de la voz de los pastores o las ninfas, lo cual no significa que el sentimiento fuera menos profundo, pero sí que respondía a un cánon preestablecido, como el de la poesía pastoril, la tradición mitológica griega y topoi como, por poner un ejemplo, el “locus amoenus”. 

Tenemos que tener en cuenta que Garcilaso sí pretende olvidar, lo intenta por lo menos. El dolor de la pérdida es real y no tiene una historia feliz en la que soportar su recuerdo, pues Isabel Freire no correspondió a sus solicitudes amorosas. Pero no sólo el hecho de no haber podido vivir experiencias de un amor correspondido (hablamos aquí de su primer amor), como sí que sucede en el caso de Salinas, le insta a querer olvidar, sino que para él el amor no es trascendente del modo en que lo es para Salinas. Garcilaso pretende explicar su historia porque goza de una extraordinaria capacidad poética, porque se explica a sí mismo a través de las palabras que dedica a su amada, pero ese amor no supera lo visible, ni es inmortal, ni inefable. De ahí que para el Garcilaso hombre (o los personajes de los pastores) el olvido no sólo sea deseable, sino una necesidad para poder vivir en paz, puesto que la vida cotidiana (al contrario de lo que sucede en Salinas) es la verdadera vida, la que merece la pena ser vivida.

Con todo, Garcilaso siempre está acompañado de su amada, y aunque el olvido pareciera haber vencido, es sólo un olvido que está en realidad en el recuerdo latente que de ella esconde su persona enamorada. De hecho, le sorprende la muerte de Isabel Freire y le sorprende entonces también el no haber olvidado y el volver a cantar no ya sus amores, sino la muerte de la misma (Égloga I). [7] Garcilaso intenta olvidar porque el recuerdo no le va a salvar de una existencia vacía de sentido, más bien al contrario, el recuerdo lo va a sumir en el dolor del que pretende alejarse. Esta búsqueda de la paz anímica no sólo se produce en su existencia real, sino que también es observable en su estilo más refinado y menos angustiado a medida que pasa el tiempo, en tanto que se aleja de la influencia de A.March y se deja conquistar por las naturalezas agradables de Sannazaro y los sentimientos filtrados por la elegancia de Petrarca. Se ha especulado acerca de la existencia de una sola amada (Isabel Freire) o la existencia de dos (a ésta se le uniría una mujer que vivió también en Nápoles y de la cual desconocemos la identidad). Si aceptamos la tesis de la existencia de dos mujeres, observamos esa tendencia hacia la conquista del "sentimento mite" pues el renacentista es precavido en el momento en que inicia esta segunda relación, en este caso amorosa y no únicamente de amistad, como fue la que mantuvo con Freire. De hecho, es consciente de haber sufrido por haber amado sin reservas [8] , así que pretende ahora no hacerlo de nuevo, pues las consecuencias son nefastas, como demuestra en la Elegía II: "En este dulce error muero contento / porque ver claro y conocer mi estado / no puede ya curar el mal que siento."                                                                  

La voluntad del poeta es estar cerca de sí mismo, de lo que él era antes de caer en las redes del amor, que concibe como inevitable en tanto que designio del "fatum", de forma tal que el amor, más que ayudar al conocimiento de sí mismo, desdobla al que lo sufre en dos: el que sufre y el que se deleita, el que quiere sentir y el que rechaza el sentimiento, la razón y el apetito...

El amor genera la capacidad de ser otro: “ ... a hacer de mi natura en todo ajena /de lo que era primero”.

De hecho, el enamorado, al encontrarse en perpetua contradicción entre lo que era y lo que es, entre lo que desea y la razón le dice que ha de desear, entre la vida y la muerte (más cercana ésta del amor que la primera), se desdobla y huye de sí mismo: la fatalidad no le permite imponerse a ese otro yo que le ahoga la otra identidad, la que no carecía de “sosiego y libertad”: “De mí agora huyendo, voy buscando / a quien huye de mí como enemiga, / que al un error añado el otro yerro, ..."

Afirmamos entonces que Garcilaso pretende olvidar o abstraerse de la situación que el recuerdo provoca en él, pero ¿qué Garcilaso? ¿el poeta? ¿hombre?Salinas no quiere olvidar a la amada y sobre todo, lo que sentía cuando eran felices, porque sería olvidarse a sí mismo. El poeta Garcilaso, contrariamente al hombre Garcilaso que sufrió por sus amores, en este caso, tampoco quiere olvidar, como vemos, pues se recrea en la expresión de su dolor [9] . El olvido supondría la renuncia a la expresión, la renuncia, por lo tanto, a la creación y al conocimiento de la propia identidad (que no es, como en el caso de Salinas trascendente en cuanto participa de modo contingente de una entidad abstracta): " Mi lengua va por do el dolor la guía; / ya yo con mi dolor sin guia camino; / entrambos hemos de ir con puro tino; / cada uno va a parar por do no querría: [...] / ¿Qué culpa tengo yo del desvarío / de mi lengua, si estoy en tanto mal / que el sufrimiento ya me desconoce?". El lenguaje, pues, sirve también, para acercarse a la mitigación del dolor, pues en el goce de contar, se olvida el tormento del amor.

Garcilaso es capaz de convertir en inmortal a su amada a través de la poesía: la creación es la que la  salva de la mortalidad y, sin embargo, no creemos que sea consciente de ello. El toledano habla de su amada porque es el objeto de su poesía, no porque sea la persona que le permite alcanzar la trascendencia; habla de su amada para analizar con ánimo de stil novista moderno los propios sentimientos y la propia enfermedad de amor que padece. Esa amada a la que canta le permitirá desarrollar sus capacidades poéticas, reproducir sus conocimientos acerca de la tradición tanto italiana como española o clásica. La mujer garcilasiana, en nuestra opinión no es un sujeto, como sí lo era la saliniana, sino un objeto digno de ser cantado, pero un objeto al fin y al cabo. La poetización, pues, no es el modo de verbalizar el progreso hacia el propio conocimiento, sino el modo de manifestar el conocimiento cultural y la sensibilidad poética (culta, refinada) que se posee en una sociedad como la que frecuentaba nuestro poeta en Nápoles, una sociedad que habla sirviéndose de versos de la que se había convertido en tradición (cuando no pésima imitación) petrarquesca; es el modo también, de analizar los propios sentimientos y conocer la mesura del propio dolor, de la desesperanza, de la desilusión, el modo, en definitiva, de conocer los propios límites.

Se podría objetar a esta afirmación aquí realizada acerca del rechazo al recuerdo que, en ocasiones, encontramos en la poesía del renacentista la voluntad de volver al pasado, de recrearse en la memoria, como hace Salicio en la Égloga I. Salicio empieza su monólogo a modo de diálogo, se dirige a un tú como si la amada no estuviera ausente ("él, con canto acordado / al rumor que sonaba / del agua que pasaba, / se quejaba tan dulce y blandamente / como si no estuviera de allí ausente / la que de su dolor culpa tenía / y así como presente, / razonando con ella, le decía: ... "). La amada parece ser una sombra, una ninfa más escondida entre las espesura del monte que escuchara de lejos las quejas de su amado. Por ese motivo, el canto de Salicio en realidad no es tanto el de una pérdida como el de una queja, no lo olvidemos, "dulce". Ese recuerdo, en realidad, está delimitado por el vocativo de Salicio y, por lo tanto, no parecerá tal. Por otra parte, la diferencia entre Garcilaso y Salinas es que Salinas no vuelve a la realidad dolorosamente como Garcilaso, porque al ser trascendente el sentimiento amoroso (ya que alcanza a través de él la verdad última de la existencia), la ausencia de la amada no impide que se beneficie de ese conocimiento ya adquirido. Garcilaso permite a sus personajes (se permite) recordar y disfrutar con ello, pero siempre después aparece el presente en el que el amor es una negación, sea por el motivo que sea, siempre es causa de dolor: " Tengo una parte aquí de tus cabellos, / Elisa, envueltos en un blanco paño, / que nunca de mi seno se m'apartan; / descójolos, y de un dolor tamaño / enternecer me siento que sobre ellos / nunca mis ojos de llorar se hartan. /Sin que d'allí se partan, /con sospiros callientes, / más que la llama ardientes / los enjugo del llanto, y de consuno / casi los paso y cuento uno a uno; /juntándolos, con un cordón los ato. / Tras esto el importuno / dolor me deja descansar un rato. / Mas luego a la memoria se m'ofrece / aquella noche tenebrosa, escura / que siempre aflige esta anima mezquina / con la memoria de mi desventura: / verte presente agora me parece en aquel duro trance de Lucina; ... " Ese recuerdo le abastrae hasta el punto que mientras cuenta los cabellos de la ya fallecida Elisa, aunque siente dentro de él la tristeza, el recordar los buenos momentos, le permite olvidar la realidad, esto es, que ella ha muerto. No obstante, a pesar de esos breves paréntesis en que su imaginación le permite vivir el recuerdo como presente, siendo éste en realidad pasado, el presente real se impone y, con él, sus evidencias: la amada ha muerto.

En Salinas, por el contrario, el recuerdo no sólo es fuente de placer primero y de dolor después, en el momento en que se impone la realidad. En Salinas su escritura parte de un presente que mejorar, aunque sea a partir del recuerdo, pero no es una poesía lacrimógena, sino una poesía de un hombre voluntarioso y sobre todo, ávido de conocimiento. La idealización del pasado en Garcilaso es posible porque su escritura parte del recuerdo. En Salinas, en cambio, su escritura parte de la voluntad de conocer, aún cuando lo haga en modo retrospectivo y la amada le haya ya abandonado, no pretenderá, pongamos por caso, dotarla de cualidades de cualidades que no tiene o, en cualquier caso, resaltar las que tienen acercándola a la perfección. Garcilaso idealiza a la amada, Salinas la intelectualiza. Para éste último hay otra perfección que es superior a la moral o estética, y es la ser capaz de alcanzar el conocimiento de lo inmutable. El recuerdo, por lo tanto, para Salinas es fuente de conocimiento. [10] El olvido es necesario, sí, pero para ser consciente del recuerdo, puesto que acudir al olvido es acudir a lo que fue la amada, a lo que significó la historia de amor gozosa, es decir, la trascendencia de esa felicidad alcanzada entonces y ya imborrable: " Y como era ya muy tarde / me despedí del fondo de tus ojos / y me marché a buscarte en el olvido." ("Ruptura de las cosas", Largo lamento).

Decíamos que Salinas no usa a la amada como objeto, al contrario de lo que hace Garcilaso. Hemos titulado este apartado: “poesía eres tú”. Este verso de Bécquer a nuestro entender manifiesta de modo bastante explícito la cosificación de la amada desde el momento en que ésta deja de ser una mujer para empezar a ser palabra, poesía.  En ambos poetas se produce, desde nuestro punto de vista, esta cosificación de la amada, aunque responde a motivos diversos.

Si hablamos de Isabel Freire como objeto de poesía y otorgamos a la amada de Salinas la categoría de “sujeto”, no es porque creamos que esta mujer de la que nos habla Salinas no participe también de las cualidades del objeto poético, pero tenemos que admitir  que la función que cumple en tanto que objeto poético es mucho más compleja que la que cumple la mujer garcilasiana [11] . De hecho, más que un objeto es un sujeto accidental. Salinas concibe el amor del modo que ya se nos describe en La vita nuova: <<El amor no existe en sí como substancia: es el accidente de una substancia>>.  El amor es algo que pasa en la vida de los hombres y las mujeres (después de la influencia que tuvo el amor cortés en la concepción del amor en occidente, las mujeres ya podían ser sujetos y objetos de amor, mientras que en la literatura clásica sólo los hombres eran merecedores del goce de algo tan ideal, en la concepción platónica, como era el amor). En consecuencia, el amor correspondido y la consecuente felicidad se manifiesta en las personas siendo en realidad una entidad abstracta superior a éstas [12] : "Y ella, divino ser, logra su dicha / sólo cuando nostoros la logramos / en la tierra,prestándole / los labios que no tiene."

Podemos concluir entonces que para Salinas, en tanto que accidente de una substancia, tanto la amada como el amado son objetos. El amado a veces, incluso, en mayor medida, pues parece ser el acto de una potencia que identificaríamos con la amada, puesto que de ella nace todo ("¡Qué gran víspera del mundo! / No había nada hecho. / Ni materia, ni números, / ni astros, ni siglos, nada. / El carbón no era negro / ni la rosa era tierna. / Nada era nada, aún. / ¡Qué inocencia creer / que fue el pasado de otros / y en otro tiempo, ya / irrevocable, siempre![...]Y junto a ti, vacante, / por nacer, anheloso, / con los ojos cerrados, / preparado ya el cuerpo / para el dolor y el beso, / con la sangre en su sitio, / yo, esperando / -ay, si no me mirabas- / a que tú me quisieses / y me dijeras: "Ya"") y gracias a ella todo se entiende ("... Porque has vuelto los misterios / del revés. Y tus enigmas, / lo que nunca entenderás, / son esas cosas tan claras: / la arena donde te tiendes, / la marcha de tu reló / y eltierno cuerpo rosado / que te encuentras en tu espejo / cada día al despertar / y es el tuyo. Los prodigios / que están descifrados ya.") Sin embargo, en el momento en que se construye ese “sabroso canto”, que se convierte en el relato de una historia de amor (con sus altos y bajos), lo que realmente permite al poeta la creación es la cosificación, no ya únicamente de la amada, sino de los sentimientos de ésta, y lo que es más importante, de los propios. Por eso creemos que mientras que en Garcilaso podemos hablar de una idealización del objeto de amor en la que en un estadio anterior se ha producido necesariamente la cosificación de la amada, en Salinas tenemos que designar ese proceso creativo como el de una intelectualización del sentimiento amoroso y dar entonces por supuesta la cosificación de la amada, pero también del amado.

 

2. El filtro de amor: La memoria. La idealización o la intelectualización de la amada

Esa cosificación la hallamos la poesía de ambos poetas gracias a que la narración se realiza desde la ausencia y más tarde desde el recuerdo de la amada hasta llegar al tú con el que Salinas dialoga siempre y Garcilaso en ocasiones. Ese recuerdo es el que facilita que en Garcilaso la amada y lo que de ella se nos explica sea sinónimo de pérdida del referente real y de voluntad de recreación. Esa adición  de las propias ideas y fantasías a los eventos, esa recreación del paisaje, ese recurrir a la mitología no son una aberración porque el género en el que escribe Garcilaso es la poesía, en la que se permite añadir cuantas invenciones se quieran, y sobre todo, porque bebe de la poesía de Petrarca, que ya en época de Garcilaso se consideraba un clásico, poeta que había ya incluido esos paisajes y eventos en su Cancionero . Los objetos de que se sirve Garcilaso para idealizar, no sólo a la amada, sino al ambiente en que viven sus personajes (o él mismo), son diversos.

En realidad, Garcilaso no idealiza únicamente el paisaje o a la amada , más bien recurre al mismo procedimiento para describir los sentimientos que sufren los pastores de sus églogas, o los que sufre él mismo. El dolor no será tampoco un dolor real pues, como indica Lapesa [13] , se verá apaciguado por la Naturaleza: de la desesperación y el llanto podremos pasar a admirar la madrugada, lo cual nos invita, no a recrearnos en la compasión que nos inspira Nemoroso, sino en la belleza del paisaje que se nos describe: "Vergüenza he que me vea / ninguno en tal estado, / de ti desamparado, / y de mí mismo yo me corro agora. / ¿D'un alma te desdeñas ser señora / donde siempre moraste, no pudiendo / della salir un hora? / Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. /

El sol tiende los rayos de su lumbre / por montes y por valles, despertando / las aves y animales y la gente: / cuál por el aire claro va volando / cuál por el verde valle o alta cumbre / paciendo va segura y libremente, / cual con el sol presente / va de nuevo al oficio / y al usado ejercicio / do su natura o menestre l'inclina;..."

En otra ocasión, se compara el llanto del pastor con el canto del ruiseñor. Aunque la descripción está cargada de melancolía, es sabido de todos que el canto del ruiseñor se considera bello, con lo cual el poeta es capaz de teñir la tristeza de belleza e idealizar así este sentimiento que un Ausiás March hubiera manifestado de modo mucho más desgarrador.

En Salinas no es la naturaleza la que consuela al poeta (ni al lector), sino la convicción de que el amor resulta positivo, aunque haya dejado de existir, porque es aprendizaje y por lo ya dicho anteriormente: "la realidad no es más que un sueño que depende de la fe personal", de modo que podrá adecuarla a uss intereses. En tanto que Nemoroso se sentirá avergonzado de sí mismo, Salinas otorgará un significado trascendente a ese amor que ha perdido y, lo más importante, podrá así salvarse del mundo de la ficción en que no se conoce, sino que se interpreta. Salinas no señalará, como sí lo hace Salicio, como lo hace Garcilaso en sus sonetos, que su vida sin la de la amada no tiene sentido, puesto que él la ha cargado de trascendencia ("Eterna presencia").

La figura de la amada (o de la mujer en general, recordemos sino el soneto que comienza "En tanto que de rosa y d'azucena") es idealizada por el poeta toledano. En especial esa idealización tiene como objeto la belleza física de  la mujer [14] y en ocasiones el de su virtud y de su honestidad (primeros versos de la Égloga III). 

 La amada sigue siendo bella para Albanio aún después de que le haya negado su amistad (pues ésta huye al reconocerse como enamorada de su amigo) del mismo modo en que Isabel Freire sigue siendo bella para Garcilaso aún cuando se encuentre lejos o cuando no corresponda a sus sentimientos: "Con ansia estrema de mirar qué tiene /   vuestro pecho escondido allá en su centro / y ver si a lo de fuera lo de dentro / en aparencia y ser igual conviene, / en él puse la vista, mas detiene / de vuestra hermosura el duro encuentro / mis ojos, y no pasan tan adentro que miren lo qu' el alma en sí contiene."(Soneto XXII). Admite, por ejemplo, que la mujer amada es moralmente superior a él, y señala sus bienes morales a la vez que no concibe poder albergar tanto bien dentro de sí mismo a pesar de que la tenga grabada en el corazón: "Escrito 'stá en mi alma vuestro gesto / y cuanto yo escribir de vos deseo: / vos sola lo escribistes; yo lo leo / tan solo que aún de vos me guardo en esto. / En esto estoy y estaré siempre puesto, / que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo, / de tanto bien lo que no entiendo creo, / tomando ya la fe por presupuesto. / Yo no nací sino para querereos; / mi alma os ha cortado a su medida; / por hábito del alma misma os quiero, / cuanto tengo confieso yo deberos; / por vos nací, por vos tengo la vida, / por vos he de morir, y por vos muero." (Soneto V). 

A pesar de esto, de ser virtuosa la mujer puede adquirir el rango de una "enemiga" esquiva o cruel que no se enternece ante sus quejas (Soneto XV),  y que puede llegar a resultar incluso malvada (son palabras nuestras) : "... Pues en una hora junto me llevastes / todo el bien que por términos me distes, / llévame junto el mal que me dejastes; / si no, sospecharé que me pusistes / en tantos bienes porque deseastes / verme morir entre memorias tristes." (soneto X).  Se convierte en malvada y en causante de todos los males del poeta, hasta el punto que, si bien en una pregunta retórica, el poeta duda de la bondad de la mujer a la que ama: "... Yo acabaré, que me entregué sin arte / a quien sabrá perderme y acabarme / si quisiere, y aún sabrá querello; / que pues mi voluntad puede matarme, / la suya, que no es tanto de mi parte,/ pudiendo, ¿qué hara sino hacello?" (Soneto I). Cambia, entonces, las cualidades morales de la amada.

Esto se produce porque la amada es sólo índice de los sentimientos que alberga el poeta dentro de sí mismo, que se mueve en continua contradicción, puesto que en ocasiones el amor que siente es para él placentero y en otras, la mayoría, es tormentoso. Al luchar su persona entre estos dos polos emocionales, la dama adquirirá también las características de los mismos dependiendo del estado emocional de poeta.

En Salinas la ruptura amorosa se produce porque ella, en su dualidad [15] , decide abandonarse a su "yo superficial"  puesto que el acercarse a sí misma, a la verdadera, resulta para ella agotador; no obstane, sus cualidades morales no cambian.

Salicio, pongamos por caso, en los versos 127-132 de la primera Égloga acusa a la amada del abandono, pero no la trastoca en lo que a él le conquistó: la belleza. Salinas procede del manera justamente contraria: esa belleza ideal resulta para él demasiado perfecta, demasiado próxima a la idea, pero no a la idea verdadera, la que cada ser esconde en su alma y que es única y personal,  sino a la idea que los demás tienen de la amada, a la idea que la amada quiere que tengan de ella. Esa belleza ideal que es para Garcilaso la definidora de la belleza, es para Salinas el indicador de la que no es la mujer que él quiere, sino la otra que la puebla, el indicador de una idea pero no de la esencia que él busca en ella. Salinas no se conforma con idealizar a la amada, bien al contrario, es consciente desde el principio de sus deficiencias, que no tienen que revelarse precisamente en el momento del abandono. Salinas no busca en su amada la perfección, sino que ésta no se abandone a su lado superficial, a ese que vive en sociedad, apoyándose coquetamente un cigarrillo en los labios, es decir, que no se abandone al modelo de mujer perfecta del momento: "Era un salón en donde varias gentes / disimuladas tras los antifaces / que los rostros se ponen en los rostros / en cuanto que se encuentran dos personas, / decían unas frases / tan refinadas sobre el mundo / que el suelo se quedó todo sembrado / de menudos cristales o esperanzas. / Y como lo sabían todo, todo / gracias / a los trajes de moda, a las ideas, / y a la complicación de los cócteeles, / las almas más desnudas que allí había/ corrieron a esconderse / al último rincón con la vergüenza / de mariposas de un estilo viejo. / Entonces tú miraste / alrededor desesperada, en busca / de una nube o de humo / que abrigara tu fuga hacia la fe. / Y yo que me enteré por un espejo / que vino a susurrármelo al oído, / acercándome a ti, que sostenías / en dedos temblorosos un cilindro / donde estaban escritas misteriosas / palabras, como "Abdulla" o "Philip Morris", / te dije con el aire indiferente / en que toda tragedia se eterniza. / <<¿Quiere usted lumbre?>> Y te encendí el cigarro  / en cuya nube de humo fuiste al cielo. / ¿Cómo olvidar que yo te dado fuego?". Salinas no quiere una "mujer-cánon", sino a la que se esconde detrás de ésta, a la que puede aprehender el mundo gracias a la sensibilidad que más tarde filtrará a través del raciocinio llegando así a intelectualizar, también ella, la realidad.

Por otra parte, la mujer moralmente perfecta tampoco le interesa. Conocemos la tendencia de la amada a conformarse con su "yo" más superficial, conocemos, por lo tanto, su poca voluntad de trascendencia. En realidad, es el amante quien le enseña a buscarse a sí misma, es la filosofía de Salinas la que se aplica a ella, claro que él puede hacer lo propio sólo gracias a la presencia de ella. Podríamos afirmar entonces que él era consciente de la necesidad, y de la capacidad de aprehender la propia esencia pero que no lo lleva a cambo completamente hasta que ella no lo acepta como amante.

La amante, pues, no está por encima del amado desde el punto de vista moral. ¿Por qué, entonces, Salinas hace referencia a ella como si fuera una figura que está por encima de él? Tendríamos la tentación de creer que una posible Beatriz guía hacia el poeta hasta su propia esencia. Sin embargo, en nuestra opinión, no sería completamente acertado la concepción de la mujer saliniana como una mujer divina. Como la de Garcilaso, aunque idealizada, o la de Petrarca, la mujer de Salinas es humana y por lo tanto participa del error. Si nos preguntáramos por qué esa mujer está por encima del poeta, pues no lo está por ser mejor en el ámbito moral, responderíamos que lo está porque ella participa de la entidad abstracta que es el amor en mayor medida de lo que lo hace el poeta. La esencia de ella, diríamos, participa de ese amor, mientras que el poeta se sirve de esa esencia para hallar la propia, no participando él de dicha entidad abstracta.  La amada, por lo tanto, no puede cambiar sus cualidades morales (excepto la de haberse conformado con no acercarse a su verdadera esencia), sino que al haber sido aprehendendida en su esencia por el poeta, será siempre la misma, antes y después del desengaño amoroso.

 

3.La función de la amada: propiciadora del descubrimiento del universo

Sosteníamos que Garcilaso es capaz, no sólo de idealizar a la amada, sino que consigue crear nuevos sentimientos, como el del dolor dulce o, en la expresión contenida; sentimiento que así expresado no había conocido hasta entonces la lírica española. Pero no sólo la amada y los sentimientos de la amada son idealizados por el poeta: el paisaje, la Naturaleza, sufren la misma alteración.

La mujer amada es la que le ha descubierto la belleza universal: "Por ti el silencio de la selva umbrosa, / por ti la esquividad y apartamiento / del solitario monte m'agradaba; / por ti la verde hierba, el fresco viento, / el blanco lirio y colorada rosa / y dulce primavera deseaba. / ¡Ay, cuánto m'engañaba! / ¡Ay, cuán diferente era / y cuán d'otra manera / lo que en tu falso pecho se escondía! / Bien claro con su voz me lo decía / la siniestra corneja, repitiendo / la desventura mía. / Salid sin duelo, lágrimas, corriendo."

El mundo es armónicamente perfecto porque así se lo ha descubierto la amada.  Garcilaso explica la perfección de la Naturaleza gracias al uso del  epíteto, como advierte Lapesa: "El epíteto, empleado antes casi exclusivamente para acentuar la expresividad sombría, se convierte en índice de la arquetípica perfección natural.” Sin embargo, el mundo deja de ser perfectamente armónico en el momento en que la amada lo abandona: mientras que en el estadio de correspondencia amorosa la Naturaleza le descubre la belleza universal, en el estadio de desengaño la Naturaleza deja de ser apacible y se convierte en un ser siniestro, que niega todo lo descrito anteriormente. No sucede así en la poesía de Salinas, en la que el autor no pretende asimilar los propios sentimientos a los de la Naturaleza, puesto que el descubrimiento que realiza del mundo no es únicamente el de su belleza, sino el de su esencia, el de su significación última. La Naturaleza no se asimila a Salinas sino que aprehende su último significado y él asimila su sentimiento al de ella. Salinas aprende gracias al “sí” femenino que el mundo existe y que todo lo que lo puebla, incluyendo los objetos más peregrinos, es trascendente.  Salinas, ya durante la exaltación amorosa, es decir, en La voz,  se anticipa a lo que sucederá y advierte que desde que existe la amada existe él, el mundo es trascendente desde entonces y que, en el caso de que la amada se fuera, él volvería a ser nada: “Cuando tú me elegiste / -el amor eligió. / salí del gran anónimo / de todos, de la nada. / [...]  Viví, vivo ¿Hasta cuándo? / Sé que te volverás atrás / Cuando te vayas / retornaré a ese sordo / mundo, sin diferencias, del gramo, de la gota, /  en el agua, en el peso. / Uno más seré yo / al tenerte de menos. / Y perderé mi nombre, / mi edad, mis señas, todo / perdido en mí, de mí. / Vuelto al osario inmenso / de los que no se han muerto / y ya no tienen nada / que morirse en la vida.” [16] Sin embargo Salinas no se desesperará cuando la amada lo abandone, sufrirá, pero sabrá buscar lo que le salve: el amor, el conocimiento que éste le permite aprehender [17] . Sabrá el andaluz buscar la esperanza entre las sombras, entre la muerte al ser abandonado: “Ya sé el secreto último: / el cadáver de un sueño es carne viva, / es un hombre de pie, que tuvo un sueño, / y alguien se lo mató. Que vive finge. / Pero ya, antes de ser  su propio muerto, / está siendo el cadáver de un sueño. / Por ti sabré, quizá, cómo viviendo / se resucita aún, entre los muertos.” A este respecto ha escrito Escartín sobre Salinas palabras que podríamos aplicar también a Garcilaso: “La amada ha matado un sueño común, porque su silencio es la muerte; y , frente a la libertad que ella reclama, el yo no sabe cómo ni dónde dejarla porque el regreso a la soledad supone perder la identidad conquistada. La pareja como tal era el “tesoro del cuento” que es amarse (contar, para contarse  y conocerse uno mismo). Por eso el enamorado es memoria, o discurso vivo de lo mejor que tuvo, aún aceptando que fue un error, que estar enamorado es un error”. [18] Salinas no se queda en lo superficial del descubirmiento, en esa voluntad de parecer que ofrecen las personas y las cosas a ojos de la gran mayoría, sino en la voluntad de ser que, gracias al amor y la amada, pueden penetrar no con los ojos, sino con la mirada y, sobre todo, con el intelecto. Importante sería, a este propósito leer íntegramente el poema  “La memoria en las manos” en el que el poeta nos explica que la correspondencia amorosa, la posibilidad de acariciar al ser amado, es un accidente no, como la piedra, un ser que alberga en sí mismo la eternidad, lo inmutable, la esencia. Los amantes son instrumentos del amor, que sería ese “ser puro” del que habla el poeta, ahora lo sabe (pues ha amado y ha adquirido conocimiento), que necesita de la calma (contrariamente a como se vivía el amor en La voz). Accidental sería entonces que la amada haya renunciado finalmente al esfuerzo que eso supone.

Salinas, por lo tanto, no teñirá lo exterior con los colores del propio sentimiento: el conocimiento de los seres que ha alcanzado es profundo, llega a la esencia, lo cual imposibilitará que esa esencia conocida pueda modificarse con accidentes de apacibilidad o siniestralidad.

 

4.    La amada, el recuerdo, el dolor, la palabra: una nueva realidad.

En cualquier caso, resulta evidente que ambos poetas son creadores de realidad, pues no sólo la niegan [19] , sino que crean una alternativa. Salinas lo hace a través de la intelectualización de las cosas, en su voluntad de encontrar a todo, ya sea la amada o las cosas que le rodean, un alma. Garcilaso lo hace, como hemos visto, a través de la idealización y la expresión comedida (con lo que crea una nueva realidad también en el ámbito de la poesía española). La amada es el punto de partida que permite el recuerdo en ambos hombres (para uno deseable y para el otro no) y en ambos poetas, para los cuales el recuerdo entonces sí es deseable, pues permite la creación y la recreación de un mundo que no nos transmiten como es, sino desde el punto del poeta, es decir, desde el punto de vista del creador de realidades. Se crea una realidad no ya diferente, sino propia, a través de la imaginación que propicia el distanciamiento temporal (y emocional) de los hechos o personas narrados, a través de la melancolía, el ensimismamiento, y sobre todo  a través de los recursos poéticos de que se sirve uno y el otro. En Garcilaso se adornará su palabra de topoi, de mitos que le ligan al mundo de los poetas cultos que reconocen esas temáticas en su poesía, de un ritmo explícito en la distribución de sus versos, de la tradición petrarquesca.  Salinas, en cambio, se ligará al mundo (como lo hace Garcilaso posibilitando el reconocimiento de temas y mitos) ya no a través de los temas reconocibles hasta entonces tratados en poesía como hará su predecesor, sino más bien al contrario. Salinas otorgará de un alma a todos los objetos, alma que podrá conocer gracias al amor que siente por ellos y al que la amada, más adelante le dará, lo cual le facilitará enormemente su tarea de conocer lo inmutable de las cosas y personas. Salinas se liga al mundo a través de los objetos, que él, (como Garcilaso gracias a la imitación combinada de la que habla F. Lázaro Carreter [20] ) creará de nuevo. Salinas nos hace partícipes de su poesía a través de objetos que reconocemos, de realidades a todos los lectores de su época comunes, pero nos los muestra rechechos, desde el punto de vista de la concesión de un alma que ha otorgado a cada uno de ellos. Sin embargo, para el estudioso de la literatura hay más empatía que la que concede el reconocer un mundo moderno como el que se nos describe, un mundo aletargado y melancólico en el otoño cuando el ser amado nos ha abandonado, un mundo plagado de ausencias, olvidos y recuerdos. El estudioso de la literatura puede reconocer en toda la producción saliniana las correspondencias que establece con sus predecesores, desde Garcilaso hasta Unamuno y Juan Ramón. Esas correspondencias pueden ser simbólicas [21] , por ejemplo, temáticas [22] o sobre tópicos [23] , pero las que a nosotros nos han interesado son las de la capacidad del poeta de penetrar la realidad para, ya sea a través del recuerdo o de los mecanismos poéticos, crear una nueva realidad y habitar su mundo como si del verdadero se tratara.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 F. J. DÍEZ DE REVENGA, Tres poetas ante el amor, el mundo y la muerte (Salinas, Guillén, Lorca)., Prensa Universitaria, Mallorca, 1989.

P.DEBICKI, A., (Ed.), Pedro Salinas. El escritor y la crítica, Taurus, Madrid, 1976.

ESCARTÍN, M., prólogo a SALINAS, P., La voz a ti debida, Razón de amor, Largo Lamento, Cátedra, Madrid, 2003.

GÓMEZ ACOSTA, C., La obra poetica de pedro Salinas, Ciclo editorial, Madrid, 1991.

LAPESA, R. , La trayectoria poética de Garcilaso, Revista de Occidente, Madrid, 1968.

 Lázaro Carreter, F. Clásicos españoles. De Garcilaso a los niños pícaros, Alianza, Madrid, 2002

RIVERS, E. (Ed), La poesía de Garcilaso, Ariel, Barcelona, 1974

SALINAS, P.,  Ensayos completos, Taurus, Madrid, 1983.

 

 

 

 

 



[1] "La poesía es la  encargada de convertir el lamento en dluczura. De hacer de la pena hermosura. Es de cir, de trasladar la materia bruta a pura categoría artística. Eso es lo que significa el dulce lamentar. El lamento, la pena, nuestra naturleza como un divulgar, eso que Garcilaso llama dulce (...) Eso hacen estos dos pastores lamentarse de suerte que cada uno de los monólogos es un largo lamento, pues repiten una situación sentimental antiquísima", SALINAS, P.,  "La idealización de la realidad" en Ensayos completos, Taurus, Madrid, 1983.

[2] "En La voz a ti debida vemos cómo se inhibe Salinas de lo inmediato para ver más allá, más lejos o más atrás, deseando absorber o ser absorbido por esa 'otra realidad' (actitud vital), deseando conocerla y aprehenderla (actitud intelectiva) metafísicamente. La amada -sujeto vivo de su libro- es sometida a la acción de este doble proceso. Cualquier estrofa puede servirnos de prueba: "Cuando cierras los ojos, / tus párpados son aire. / Me arrebatan: / me voy contigo adentro." ZARDOYA, C., "La <<otra>> realidad de Pedro Salinas, pp. 63-98 en P.DEBICKI, A., (Ed.), Pedro Salinas. El escritor y la crítica, Taurus, Madrid, 1976.

[3] ESCARTÍN, M., prólogo a SALINAS, P., La voz a ti debida, Razón de amor, Largo Lamento, Cátedra, Madrid, 2003.

[4] H.E. Pedemonte la ha llamado "la memoria de la ausencia".

[5] Para la comparación entre el "cancionero" de Garcilaso y el de Salinas (tal sería la trilogía de La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento, véase la peculiar, pero no por ello menos interesante, visión de Cermelo Fernández en "Insinuaciones para otra lectura de la poesía amorosa de Pedro Salinas", en Cuadernos para la investigación de la literatura hispánica, 2002 (27): 279-293.

[6] ENTWISTLE, W.J., "Los amores de Garcilaso" en RIVERS, E. (Ed), La poesía de Garcilaso, Ariel, Barcelona, 1974

[7] Garcilaso creía ya haberse librado del amor y del sufrimiento que éste le había provocado siempre: "Gracias al cielo doy que ya del cuello / del todo el grave yugo he desasido, / y que del viento el mar embravecido / veré colgada desde lo alto sin temello; / veré colgada de un sutil cabello / la vida del amante embebecido / en error, en engaño adormecido, / sordo a las voces que le avisan dello. / Alegraráme el mal de los mortales, / y yo en aquesto no tan inhumano / seré contra mi ser cuanto parece. / alegraréme como hace el sano, / no de ver a los otros en los males, / sino de ver que dellos él carece." (Soneto XXXIV).

[8] También Salinas será víctima de este tipo de amor: " Error sensible fue / como abril mayo junio y sus estragos / irme fuera de mí".

[9] "Sufro, la memoria es pena". Y no obstante el poeta se abraza a su memoria, es decir, a su pena, y otro gran lírico español, Garilaso, hace una y la misma cosa del dolorido sentir y del alma que lo siente: "NO me podrán quitar el doloridido sentir..."Si recordar es dolerse, también es vivir (...) Lo único que resta, es lo que dijo Manrique: memoria, memoria del dolor, ciertamente, pero de un dolor que se mitiga tanto en la pura operación del recordar que casi se desvanece, y termina por ser, eterna poesía, un inmenso consuelo". ESCARTÍN, M., Op.cit.

[10] "El río del poeta renacentista se ha interiorizado en la corriente de conciencia del enamorado, ya que el pensamiento mana como un río a cuyo flujo llamamos monólogo interior. Igual que en el Renacimiento, la queja solitaria sublima la frustración amorosa. Salinas, como Orfeo, Virgilio o Petrarca, sabe que el hombre que sufre debe quejarse en soledad <<dulce y blandamente>>, en un <<largo lamento>>, frente a una Naturaleza receptiva cuyos paisajes serán fuente de conocimeinto interior y su exploración, lo mismo que autodescubrirse". ESCARTÍN, M., Ibidem.

[11] El propio Salinas rechazó la interpretación de Leo Spitzer según la cual la existencia real de la amada no era importante para el poeta, puesto que éste sólo se servía de ella para crear. Cabe decir que la amada de Salinas existió, aunque no se conoce con certeza quién de las mujeres que frecuentaba podría haber sido esta amante. No sólo la existencia real de amada es importante para el hombre poeta, sino para la propia creación, en la que se nos describe a una mujer a veces mundana (alejada de su verdadero yo), a veces profundamente cercana a su verdad última, a veces escindida ante la duda, a veces próxima en el espacio al poeta, a veces lejana, a veces sensual, a veces espiritual. Una mujer, al fin y al cabo, humana.

[12] Lo explica sintética y acertadamente Montserrat Escartín: "El amor, o la felicidad, es un sentimiento eterno que necesita seres contingentes que lo sustenten diacrónicamente para serlo".

[13] LAPESA, R. , La trayectoria poética de Garcilaso, Revista de Occidente, Madrid, 1968.

[14] Sólo en dos ocasiones (documentadas análogas en Petrarca), Garcilaso antes de 1533, hace referencia a la belleza de la amada. Pero el hecho de que aparezcan indica que la hermosura exterior empieza a ser tema poético en Garcilaso, de ahí que se registren otras impresiones sensoriales (la sed, la música, la claridad, etc.). , Ibidem.

[15] "¡Cuánto tiempo fuiste dos! / Querías y no querías. / No eras como tu querer / ni tu querer como tú. / ¡Qué vaivén entre una y otra!" o todavía de forma más explícita: " Se te está viendo la otra. / Se parece a ti: / los pasos, el mismo ceño, / los mismo tacones altos / todos machados de estrellas. / Cuando vayáis por la calle / juntas, las dos, / ¡qué difícil el saber / quién eres, quién no eres tú! / Tan iguales ya, / que sea imposible vivir más / así, siendo tan iguales. / Y como tú eres la frágil / la apenas siendo, tiernísima, / tú tienes que ser la muerta. / Tú dejarás que te mate, / que siga viviendo ella, / embustera, falsa tú, / pero tan igual a ti / que nadie se acordará / sino yo de lo que eras."

[16] <<El enamorado necesita la soledad, del mismo modo que Petrarca huía de todo lugar <<ove vestigio uman l'arena stampi>>. La entrega al dolor es absoluta. Hay que evitar desahogos para llegar a la muerte cuanto antes.>>, LAPESA, R. , Op.cit.

[17] "y de pronto tu voz, tu voz cayendo / en el centro de mí / me hizo sentir la vida / como un crecer de amor y amor y amor / dentro de amor, en infinitas ondas / que llenaron mi ser hasta los bordes / donde se acaba el ser y empieza el mundo. / Es porque te volviste, con tu voz."(¡Cuántas veces te has vuelto!, Largo lamento).

[18] ESCARTIN, M. , Op.cit.

[19] Así, la técnica global que caracteriza a Salinas es la desrealización de la realidad, llevada a cabo por medio de la afirmación o negación de una realidad por contraste con otra. Es una técnica reconocible en todos los niveles de la obra saliniana (poemas enteros; fragmentos) y que está en estrecha conexión con la figura de pensamiento denominada antítesis.

Se trata de un lenguaje de insatisfacciones. En algunos versos, el poeta se fija en aspectos negativos de la realidad para afirmar una situación: "El aire ya no es apenas respirable / porque no me contestas."

Parte de una afirmación positiva (al fin <<algo>> se ha hecho voz), pero termina dando un sentido negativo al planteamiento (<<puede confundirse con mirada>>): "Y fuiste voz, al fin, y tan hermosa / que puede confundirse con mirada. / Voz nunca servidora /de lengua alguna, ni de sus palabras."Este rasgo desrealizador se incrementa también con un vocabulario de adverbios de negación (no, nunca, tampoco); muy abundantes; con un uso frecuente de enumeraciones caóticas; y, en definitiva, con un lenguaje cargado de significación que pretende desvelar la verdad oculta de las cosas. GÓMEZ ACOSTA, C., La obra poetica de pedro Salinas, Ciclo editorial, Madrid, 1991.

[20] Lázaro Carreter, F. Clásicos españoles. De Garcilaso a los niños pícaros, Alianza, Madrid, 2002.

[21] "Salinas elige símbolos garcilasianos -lo bordado en un tejido y lo narrado en un cuento- para mostrar la distancia de lo vivido y la aceptación de su final: "en esta tela artificiosa / toda la historia estaba figurada, / que en aquella ribera deleitosa / de Nemoroso fue tan celebrada". Como en la Égloga, se evoca el pañuelo que el enamorado compró a la amada "cuyo encaje / fuese tan parecido a aquello que veíamos, /como lo es nuestra vida / en que imposible amor con imposible / amor se cruzan", para recordarle: "¿No pesa ya ese lienzo en tu memoria?", ESCARTIN,M., Op.cit.

[22] Como el Nemoroso de Garcilaso, Salinas se mueve en un paisaje de <<mansas sombras>>, <<rebrillos del agua>>, <<trinos de pájaros>> y una <<tarde dulce>>, con <<lo verde>> para reposar: "Yo estaba descansando / de grandes soledades /en una tarde dulce." (En <<La falsa compañera, vv.1-3, 6-10, 17-20). Ella lo abandona y, como en un poema renacentista, la armonía entre la naturaleza y el poeta se rompe al producirse la ruptura entre los amadores: "todo se fue. Los píos / más claros.."(vv.49-54).  Incluso la referencia al mito de Dafne: "no pude confundir / a sus ramas con brazos" y al de Narciso: "la lámina del lago, / negándome mi estampa, / me dejó abandonado / a este cuerpo hipotético" reflejan una ambientación garcilasista. De la misma procedencia culta es la observación sobre los cabellos de la amada que el amador tiene entre las manos:

"los dedos reconocen los cabellos / lentamente, uno a uno. " (La memoria en las manos),

muy parecido al Nemoroso en su canto a Elisa en la égloga primera. O la indicación sobre el dulce canto del pájaro (Volverse sombra, v. 21) o el terminar <<La falsa compañera>> con la vuelta a casa a la caída de la tarde como los pastores de la citada égloga, tras haber dado fin a las muturas confidencias de sus quejas". GUILLÉN ACOSTA, C., Op.cit.

[23] "Si el río ha sido para nuestra tradición cultural símbolo del fluir vital y del olvido, no es extraño que Garcilaso eligiera como marco de su Égloga. Siguiendo el tópico clásico que identifica el agua con el sentimiento, Garcilaso rescatará del río sus memorias de amores funestos. Cuatro ninfas surgidas de su interior narrarán sendos fracasos sentimentales -la transformación de Dafne y la muerte de Eurídice, de Adonis y Elisa-, gracias a su memoria, la cual "por el Estigio lago conduciad, (...) hará parar las aguas del olvido. Salinas tambén hará correr las aguas de la memoria en Los puentes, Como ya no me quieres desde ayer, La memoria en las manos, haciendo efectiva la metáfora de Juan Ramón cuando hablaba del "río de la lengua", dado que "hablar de lo demás es siempre un río / que aumenta las distancias de este mundo"". ESCARTIN, M.,