Manuel Gahete . 1957.

 

DATOS BIO-BIBLIOGRÁFICOS

Fuente Obejuna (Córdoba), 5-7-1957. Catedrático de Lengua y Literatura Castellanas. Doctor en Filosofía y Letras. Miembro del grupo de investigación "Andalucía literaria" de la Universidad de Córdoba, ‘Traverses’ de la Universidad de París 8 y “Giesra” de la Universidad de Sevilla. Miembro de la Sociedad de Literatura Española del Siglo XIX (Universidad de Barcelona). Miembro numerario y secretario del Instituto de estudios gongorinos de la Real Academia de Córdoba. Correspondiente de la Real Academia “Vélez de Guevara” de Écija y de la Fundación Machado de Sevilla. Cronista oficial de Fuente Obejuna. Corresponsal de la Asociación de Arte, Arqueología e Historia de Córdoba. Vocal de intercambio científico de la Ilustre sociedad andaluza de estudios histórico-jurídicos. Director cultural de la Fundación Miguel Castillejo. Conferenciante, traductor, articulista y crítico, colabora habitualmente en prensa, suplementos culturales y revistas especializadas. En poesía, Nacimiento al amor, Los días de la lluvia, Capítulo del fuego, Alba de lava, Íntimo cuerpo, Casida de Trassierra, La región encendida, Elegía plural,Mapa físico, El legado de arcilla, Mitos urbanos (en prensa); y la antologías Carne e cenere, El cristal en la llama y L’abîme de la lumière, habiendo obtenido los premios “Ricardo Molina”, “Miguel Hernández”, “Barro”, “Villa de Martorell”, “San Juan de la Cruz”, “Mario López”, “Ángaro”, “Mariano Roldán” y “Ateneo de Sevilla”. En teatro, Cristal de mariposas (Premio Nacional de Teatro Corto “Barahona de Soto”, 1985); y Ángeles de colores (2002). En prosa, el libro de artículos: Después del Paraíso (1999); de investigación histórica: La cofradía de la Santa Caridad y la Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia de Fuente Obejuna: Tradición y actualidad (1997), Alonso Muñoz, el Santo, un franciscano de Fuente Obejuna (1999) y La acción y la palabra (2006); los ensayos: La oscuridad luminosa: Góngora, Lorca, Aleixandre (1998), Textos con pretexto (1999), Cuatro poetas:Recordando a Dámaso (2000) y Rostros de mujer ante el espejo: Poética de la trasgresión (2007); y las ediciones críticas: Poesía medieval (1991) y Fuente que mana e corre (2002). Numerosos trabajos sobre literatura e historia en Actas de Congresos y publicaciones científicas.

POEMAS

La azul palabra de los días

 

Realmente nunca sabes cuando llega la noche.

Te acecha en las esquinas de tu casa en penumbras,

se sube por tus sienes,

aviva en la memoria recuerdos inasibles,

se desgarra en arcanos y símbolos fatales.

 

Nunca sabes realmente cuál es la fecha. Nunca

cuál la herida del sueño o el beso de la muerte,

porque nunca has tenido suficientes palabras

ni saber suficiente ni suficiente vida.

 

Detrás de las cenizas del amor se acrecientan

unos ojos oscuros dulces como el destierro,

unas manos de gasa con sus dedos de luto.

 

Tal vez has deseado que tu cuerpo no muera,

prevaler en la sombra mientras todo se abisma,

sentirte como un fénix sobre el mar de la noche.

 

Lentamente las horas devoran el susurro del río envuelto en bruma;

acallan las orquestas aladas de los árboles,

el eco de las voces,

el chasquido del rayo,

las campanas abiertas como zinnias de plata.

 

Lentamente la noche,

deshecha en la pavesa de un dios Bran de la aurora,

asume la impotencia de su rabia finita.

 

 

 

Acaso no percibes

que las ondas del agua se pierden en tus ojos

y el mar también se acaba;

que tu sombra es más larga que tu propia figura

y tu sombra no es nada: Humo, polvo, silencio

queda sobre los dioses que llamamos humanos.

 

Todo lo borra el agua cuando lame la arena.

 

¡Cómo puedes burlarte de la edad si amaneces

y naciendo ya muere un poco de ti mismo!

 

No hay nada que detenga la lujuria del tiempo.

 

Hay días en que mis versos son tristes y azarosos

y buscan como manos acariciar tu espalda.

Sólo tu voz alivia:

Del azul estás hecha.

 

Juntamente contigo,

olvido la jornada fatal que no resiste

análisis ni leyes.

 

En ti, por ti pervivo, anclado a la marea

donde quieras llevarme,

porque sólo a tu lado,

asido a tu cintura, a tu pecho, a tu vientre,

he soñado en un cielo

donde el tiempo no existe.

 

(De La región encendida)

 

 Amor más poderoso que la vida

Ella camina en sombras, ciega a la luz, y ríe.

Su corazón entonces es una oscura piedra

que un racimo de lluvias bruñe bajo su carne.

Ella conoce el mar y la palabra

aunque jamás pronuncia su humedad y su ruido.

Cuando los ríos crecen y la angustia proclama

su condición de géiser,

me ilumina,

me avisa del guijarro que se cierne en mis ojos,

me alerta de los surcos donde el miedo nos hiere.

Un hombre está mirando,

abierto en el dolor pequeño y hondo

de vivir, a quien llega,

con sus manos azules, a vendimiarle el alma.

 

Un hombre está mirando a una mujer que toca

con sus ojos la lumbre.

Ella ríe y no cesa de beber en la sal que deja el beso

con un río de plata por la sangre.

Y me mira y percibe la oscuridad que arrastro desde antiguo

con el vacío de Dios en la mirada.

Hemos reconocido en este eterno celo de mirar y mirarnos

que ni la vida puede abatir con sus garfios amor tan poderoso.

 

(De La región encendida)

 

Ruleta

 He salido a la calle

tendiendo una sonrisa

con un río de savia brotándome en los labios,

y ha rodado su chispa de cristal

y su agua

borbollando en el seco ejido de la acera.

 

He salido a la calle

y mis manos ardientes

han prendido su lumbre sobre unos ojos claros,

brasa viva en el hambre

del hombre que me niega

un brasero o un labio donde encender el fuego.

 

He salido a la calle

con el viento solano

como un álamo libre acreciendo en el aire:

mástil, el pensamiento

donde el cuerpo se arriesga

y contra todo orden sueña su mundo aparte.

 

He salido a la calle.

En la piel aún se agita

¡pobre niño indefenso!

el severo coraje de beberme la vida.

Si hurga Dios todavía en la orilla del pecho

aquella flor marchita grana como un tesoro.

 

He salido a la calle,

una tarde cualquiera,

vestido de payaso,

bufón, juglar, idiota,

a ver si encuentro a alguien

que, por besos o risas

sin que le cueste mucho,

quiera prestarme el alma.

(De Elegía plural)

 

Canto del desposeído

 
Ajeno a la palabra que te nombra o te busca,

al sordo pensamiento,

a la sombra del hombre.

Después de haber probado las delicias más dulces

y el dolor de saberte ceniza en lo gozado.

 

Ajeno a quien me habla

y me escucha

y me mide

por mis gestos y manos, mi palabra o mi acento.

Ajeno a toda historia,

incluso a la que sabe

de mis íntimos lances de amor, pasión y olvido.

 

Ajeno a quien me obliga a ser de otra manera

cumpliendo el deber sacro de conocerme entero.

Ajeno porque nada del mundo te posee.

Ni eres dueño de nada.

 

Ni nadie te hace sombra.

Ni para nadie eres la luz en el camino.

Ajeno a las caricias del dolor, del oscuro

consejo que la vida nos augura o nos dicta,

ausente,

¡solo!

Solo,

como un héroe esperando

el laurel en las sienes o el acero en la carne.

 

Ajeno a las mentiras de las voces profanas,

a la dulce lisonja

¡oh, cántaro de nieve!

al tañido de harpas,

al silbo de serpientes

en las cuevas profundas de la piel y la rabia.

 

Ajeno siempre ajeno,

como soñaste un día,

desvistiéndote el alma, la palabra, los besos;

caminando desnudo,

a la vista de todos,

carne fértil del alba, vino y pan de la luna.

 

Ajeno, siempre ajeno,

sin padres y sin hijos,

sin temor a la lluvia de la mujer amada.

Ajeno a la materia de la pena y del gozo;

y en esta paz

sereno

y fieramente humano.

(De Elegía plural)

 

Aprendiz de sabiduría

 Sabes que el nacimiento duele más que la muerte,

que nos consume el légamo de las necesidades,

que el amor es un orden para dioses con suerte.

 

Sabes que desfallece en la distancia

la amistad si el amigo

deja tu corazón sobre las brasas.

 

Sabes que las palabras son flores en el viento:

si nadie las pronuncia, se marchitan.

 

Sabes que nuestras vidas son luces de un momento,

hojas en un paisaje;

que nadie vive ajeno al día del fracaso

ni una noche de gloria es más digno equipaje.

 

Sabes que ser valiente te vacía

del amor y el dolor, de cuanto quieres,

de cada sorbo amargo de la vida.

 

Todo llega hasta ti. Todo se evade.

Es la dura verdad: Cuanto más vivas,

más cerca te sabrás del ignorante.

(De Mapa físico)

 

Ella

No profanéis su voz tan nueva y fresca,

ya fuente de mi voz, ya tierra mía.

Tronzad la grama o yerba que ha tocado

el tallo de su pie y oiréis a oraje.

Porque ella es aire y agua en que respira

la densidad y el culmen de mi fuerza.

Ella es madera y flor, es toda sueño

y toda leche y mar. Su ser es vida.

Y es ala. Y es clamor. Sin ella nada

tiene sentido ya. Basta su vientre.

Vedla dormida aquí. Traed la llama

y acercad a sus labios vuestra pena.

Ella es la luz y el alba palidece

en tándem con el sol cuando me mira.

Es nardo y azafrán, caña y canela,

áloe e incienso es. Hermana y novia.

Y es tan niña en edad que hasta los pájaros

beben la plenitud del tiempo en ella.

No la dejéis llorar. Sabed que sangra

el corazón del mundo cuando llora.

 (De Íntimo cuerpo)