José Luis Rey . 1973.

José Luis Rey

 

DATOS BIO-BIBLIOGRÁFICOS

José Luis Rey (Puente Genil, Córdoba, 1973) es doctor en Literatura Contemporánea por la Universidad de Córdoba. Ha recibido, entre otros, los siguientes reconocimientos: Premio de Traducción de Poesía Inglesa de la Universidad de Extremadura 1993, Accésit del Premio Adonais 1996, Premio Andalucía de la Crítica a la Opera Prima 1997, Premio Internacional Gerardo Diego de Investigación Literaria 2005 y Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma 2006. Ha sido incluido en diversas antologías, como  Diálogo de la lengua, de Diego Jesús Jiménez, Edad presente de Javier Lostalé (editorial Fundación Lara), Veinticinco poetas españoles jóvenes (editorial Hiperión) o La otra joven poesía española de León y Krawietz (editorial Ígitur). En Portugal su obra ha sido traducida por el prestigioso escritor Joaquim Manuel Magalhaes. Ha colaborado, como traductor, en la traducción del poeta escocés Ron Butlin (editorial Hiperión). Su primer libro de poesía, La luz y la palabra, constituye un extenso ciclo poético integrado por veinte libros o secciones. Dicho ciclo se ha publicado en dos tomos, como La luz y la palabra I (editorial Visor) y La luz y la palabra II (editorial Visor, en prensa). A este ciclo lo sigue el libro La familia nórdica (Premio Gil de Biedma, editorial Visor), que supone un giro en la poesía del autor, proponiendo una poética de la revelación a partir de detalles cotidianos, una lección visionaria aprendida en Emily Dickinson. Como ensayista, el autor ha publicado Caligrafía del fuego. La poesía de Pere Gimferrer (Premio Gerardo Diego, editorial Pre-textos).

POEMAS

 

PLENITUD 

 

Cuando murieron los poetas ingleses y franceses 

la rosa florecía.

 

Cuando murieron los húmedos poetas alemanes

la rosa florecía. 

 

Cuando murió Montale y el cielo se llenó de diamantes asmáticos

 la rosa florecía. 

 

La rosa florecía

 cuando murió también Whitman el núbil. 

 

Verde siempre el vestido de este aire. 

Yo vivo con la rosa que no muere.

 

 

 

FRAGMENTO NÚM. 8 DE A ORILLAS DEL GRAN SILENCIO

 

 

 

He vivido en el aire.

Hecho de aire, en el aire estuve.

El mundo era ligero y fui su dueño.

He visto lo más alto.

Vi las lunas de Júpiter florecer y estallar,

vi caer la nieve en Túnez,

la playa azul de Persia.

Los muchachos ahogados en los fríos desvanes,

el invierno y sus botas de luz verde,

la rebelión de pueblos invisibles.

Aquellas escaleras al fondo de mi casa y yo creía que llevaban al cielo.

La infancia como un órgano sonando, como una tempestad.

Y otra vez el día claro, el deseo de ser.

Pero sólo seremos una huella en los árboles.

Libros, tierras, amigos: todo va a la deriva.

Aquellas noches, viernes, a los catorce años,

imposible quedarse, aquel amor tan grande,

aquel proyecto famoso, aquel temblor, abril, aquella mano,

aquel colegio lento bajo el agua,

aquel nombre que creíamos ser,

aquel miedo, aquel cuerpo.

Así me vi pasar.

Quién detiene al que flota, he vivido en el aire.

He visto imperios disueltos en el aire.

Soy príncipe del aire.

 

 

Y el poeta con los ojos abiertos vivirá durante cien siglos en el aire.

 

                                                    De La luz y la palabra

 

 

PARA LAURA

 

Es la infancia otra vez, su peluca de bosque.

Y así como los pájaros perdonan

he aprendido que el día es un cuarto cerrado.

Ábrelo, tú que sabes.

Y las ciudades saltan y volvemos a ver.

 

 

Me he perdido en la casa.

Las estrellas manchadas de betún

no daban nada más a quien todo lo tuvo.

Volé con mis hermanos en la tierra amarilla,

amé el sur de las cosas

y el poder asombroso de un cantante:

dominar lo invisible,

planear invasiones, escribir en el agua,

decretar que eran míos los pasillos del cielo.

 

 

El tejado, las ranas croando en otro idioma.

Las cerezas estallan en la frente

y esto es sólo una vez.

Ya tengo treinta años, tú vas a cumplir uno.

Mañana te diré: yo estuve ahí.

Y perdí mi país como tú lo has ganado.

En tus manos Petrarca

es sólo este gorrión.

 

 

Pero contigo vuelvo a abrir el mar

y llevo en el bolsillo las llaves de la lluvia,

y el violín de los gatos, y la sal, que sí baila,

y el lápiz del silencio, para pintarle a abril ojos y pies.

 

 

Aprende, niña mía.

Los hombres no morimos; solamente

aprendemos a ver

en la ventana rota, mordida por el sol.

 

 

                                     De La familia nórdica