Jorge Díaz Martínez . 1977.
| DATOS BIO-BIBLIOGRÁFICOS |
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POEMAS |
MI CHICA TARAREA
Los pasos son tranquilos, ya anochece. Esta tarde de agosto recién inaugurado los genoveses salen a pasear, desaceleran. Pienso en volver, en las ciudades que hemos dejado atrás mientras te miro todavía con arena de la playa de Guvano adherida en la piel de la memoria. Pronto nos buscaremos un rincón donde nadie uniformado nos moleste o iremos en tren a otra ciudad desconocida y con poco dinero en la que una manta oscura de cansancio nos arrope, cogidos de la mano por soportar mejor el peso de costumbre, la mochila cargada y las ojeras, el sueño que nos vence arrastrando los pies y la mirada. Mi dulce niña llora, sonríe o se descalza. No sé si ya me espera. El viaje… se acaba y al despertar mañana la veré dormida o esperándome.
VÉRTIGO (AFTER HOURS)
Ya queda poca carne flotando en las orillas. La luz ha vomitado chicos chicas se desalman.
Vivita y coleando
somos la noche, todos los bares bajan de la noche, todos rezan.
No duela la mañana.
NÓMADAS
con unos campos inmensos de opio silvestre y con las plantaciones de la Bayer, allí las flores son así de grandes, como un puño. Saben que un gramo se paga a 100.000 liras, por ejemplo, en el Pistoia Blues o en cualquier parte. Les hablan de Granada, del Sacromonte y las cuevas, de San José y de San Pedro, de los Caños de Meca, de Santa Fe y la Alpujarra y atraviesan Europa con lo puesto, como pueden se cuelan en los trenes y llenan los vagones de humo y perros. Y sueñan con ahorrar, con hacer una buena temporada, lo suficiente para una furgoneta.
VALENTINA, EL INVIERNO.
Serán más de las nueve de un domingo. La gente entra y sale de las cafeterías o desayuna al sol en las terrazas, pero Valentina duerme, duerme tranquila.
¿Que si trabajé… Trabajé en un montón de sitios! Yo tenía que cuidar de mi hermano y tenía que comprarle la ropa y las cosas del colegio, los cuadernos, los lápices, los libros, la ropa… todo. Yo era la que traía el dinero a casa y cuidaba de mi madre también, que estaba siempre bebiendo… y yo era sólo una niña!
Valentina amanece en el suelo, en la esquina de Reyes Católicos con Calle Elvira. Sus perros, como ángeles, la arropan. No la despierta el humo ni el ruido de los tubos de escape, no la despiertan los pasos ni el sol que en los labios hinchados ya la besa.
Una rasta rubia le cae en la mejilla.
Su sueño será espeso y pegajoso.
RAVE La última media pastilla le sacó por la boca el corazón.
Y al amanecer con un beso blanco no se despertó.
ALBAICÍN
En el canto de un muro los gatos hacen zen.
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