Jorge Díaz Martínez . 1977.

Jorge Díaz Martínez

 

DATOS BIO-BIBLIOGRÁFICOS


Jorge Díaz nace en Córdoba en 1977, en septiembre de 1998 se traslada a Granada, y en agosto de 2006 a Barcelona. Qué hace, qué piensa, a qué se dedica... preguntas todas para una canción. Sin embargo, ha publicado algunos libros: La piel de la memoria, Visor, Madrid, 2005 y Almizcle y tabaco, Pre-textos, Valencia, 2006.

POEMAS

MI CHICA TARAREA

 

Los pasos son tranquilos,

ya anochece.

Esta tarde de agosto

recién inaugurado

los genoveses salen

a pasear, desaceleran.

Pienso en volver,

en las ciudades

que hemos dejado atrás

mientras te miro

todavía con arena

de la playa de Guvano

adherida en la piel

de la memoria.

Pronto nos buscaremos un rincón

donde nadie uniformado nos moleste

o iremos en tren a otra ciudad

desconocida y con poco dinero

en la que una manta oscura de cansancio

nos arrope, cogidos de la mano

por soportar mejor el peso

de costumbre, la mochila cargada

y las ojeras, el sueño que nos vence

arrastrando los pies

y la mirada.

Mi dulce niña llora, sonríe o se descalza.

No sé si ya me espera.

El viaje… se acaba

y al despertar mañana

la veré dormida

o esperándome.

 

VÉRTIGO (AFTER HOURS)

 

Ya queda poca carne flotando en las orillas.

La luz ha vomitado

chicos chicas

se desalman.

 

Vivita y coleando

 

somos la noche,

todos los bares bajan de la noche,

todos rezan.

 

No duela la mañana.

 

NÓMADAS


Sueñan con Córdoba y Antequera,

con unos campos inmensos

de opio silvestre

y con las plantaciones de la Bayer,

allí las flores son

así de grandes,

como un puño.

Saben que un gramo

se paga a 100.000 liras,

por ejemplo, en el Pistoia Blues

o en cualquier parte.

Les hablan de Granada,

del Sacromonte y las cuevas,

de San José y de San Pedro,

de los Caños de Meca,

de Santa Fe

y la Alpujarra

y atraviesan Europa con lo puesto,

como pueden

se cuelan en los trenes

y llenan los vagones de humo y perros.

Y sueñan

con ahorrar,

con hacer una buena temporada,

lo suficiente

para una furgoneta.

 

VALENTINA, EL INVIERNO.

 

Serán más de las nueve de un domingo.

La gente entra y sale de las cafeterías

o desayuna al sol en las terrazas,

pero Valentina duerme, duerme tranquila.

 

¿Que si trabajé… Trabajé en un montón de sitios!

Yo tenía que cuidar de mi hermano

y tenía que comprarle la ropa y las cosas del colegio,

los cuadernos, los lápices, los libros, la ropa… todo.

Yo era la que traía el dinero a casa

y cuidaba de mi madre también,

que estaba siempre bebiendo…

y yo era sólo una niña!

 

Valentina amanece en el suelo, en la esquina

de Reyes Católicos con Calle Elvira.

Sus perros, como ángeles, la arropan.

No la despierta el humo

ni el ruido de los tubos de escape,

no la despiertan los pasos

ni el sol

que en los labios hinchados

ya la besa.

 

Una rasta rubia le cae en la mejilla.

 

Su sueño será espeso y pegajoso.

 

RAVE

La última media pastilla

le sacó por la boca el corazón.

 

Y al amanecer

con un beso blanco

no se despertó.

 

 

ALBAICÍN

 

En el canto de un muro

los gatos hacen zen.