Jacobo Lorenzo . 1983.

Jacobo Lorenzo

 

 

DATOS BIO-BIBLIOGRÁFICOS


Jacob Lorenzo Sánchez, poeta de 24 años nacido en Cabra: Estudia Filología y otras artes Hispánicas en la Universidad de Sevilla. Tiene dos libros de poemas, Las hojas del laberinto, (espiral poesía 2004), y Linterna de luciérnagas (bajo cero 2005). Ha ganado premios como PACO GANDÍA DE POESÍA 2006 en Sevilla con el trabajo Voy soñando Machados egabrenses, elpremio de poesía CIUDAD DE LUCENA 2006 con el poemario Azahar con nieve; además de ser finalista en el premio POEMAS DE AMOR RUMAIQUIYA 2005 de Sevilla. Incluido en la antología de poesía cordobesa La bella Varsovia, también colabora en las revistas literarias Angélica y Señales de humo. Hace ensayos políticos y crítica literaria en el periódico Lucena Semanal. Sus poetas favoritos son Juan Vicente Piqueras y Roberto Juarroz y las imágenes plásticas del fotógrafo Javier Aranda.

POEMAS


POEMA DE SU PRIMER LIBRO Las Hojas del laberinto, ed. Espiral Poesía, 2004. Este libro tiene prólogo de Lara Cantizani y epílogo de Andrés Neuman.


 
PALUDISMO

 

Un pantano en mi mano.

 

Más mosquitos, ahora

en las aguas estancadas

de mis poemas.

Sufro paludismo en las manos.

Mis dedos tienen mala cara.

Jirones de palabras

de un lenguaje olvidado.

Palabras solas.

Algas que transportan

enfermedad y silencio.

 

 

HAIKU PERTENECIENTE A SU SEGUNDO LIBRO, Linterna de luciérnagas, ed. Bajo Cero 2005, con prólogo del novelista Javier Fernández

 

Niñas pequeñas

que se orinan encima.

Guardia Civil.

 

 

POEMAS INÉDITOS

 

UNIÓN SAGRADA

Los ciruelos en flor, como muchachas muertas

Joan Margarit

Empujo este vacío

para llenarlo de mí.

La astucia de la ausencia

me ata con cadenas al suelo

delante de las ruinas de niebla.

 

La playa ya ha perdido su reflejo,

y la espuma a modo de tul

cubre la realidad con seda y lágrimas.

Al fondo, violines de sal

hundiéndose en tus dedos.

 

INTERVALOS

Para Don Antonio Molina y Hegel

 

 

Allí en el infinito también existe un centro,

donde encontramos paños, para envolver la vida.

En mitad de la nada surgen inexistencias

que nos abren preguntas, palabras imposibles.

 

Dios vive adormecido por su mitad vacía,

nos da la espalda y pasa en forma de accidente.

 

En medio de un adiós hay racimos de encuentros,

ojos llenos de huecos. Pero puede haber sitios,

sin luces ni intermedios, calles como la tuya,

en las que se recuerdan los soles que se acaban

pero nunca las lunas que empiezan siempre medias.

 

Tal vez somos nosotros

un fallo de lo eterno.

 

PAISAJES DE SAKE

 

Penden estas adelfas y nos prenden.

 

Estanques, centinelas venenosos

colgados de blancura.

Liana asonantada por ceniza

que balancea verdina con haikus.

 

Anocheces en Honshu y las fachadas

se espolvorean en tu luz caduca.

Esa purpurina de despedida

encuentra escaleras y vivas puertas,

cubalitros de sake.

 

Fuera en el escampado

nieva sobre unos troncos.

Abandonos de escarcha.

 

Encima de la cama, tu kimono vacío.

 

 

TEAS DE LUNA

 

 

Un hombre solo

es un puente encendido.

Lo sobrevuelan

luciérnagas desnudas

ardiéndole la noche.

 

ARENA ROTA DEL RELOJ DEL TIEMPO

 

Sí, amigo,

las piedras son gritos que arroja el mar.

Las piedras se hacen azúcar

contra el pastel.

Herida dulce

que nos mancha las velas.

Mecidos entre tantos nombres,

no aprendemos a envejecer

como el roble de los vinos.

 

No. El viento no existe,

es el mar borracho, con sus olas

que vuelven, con la sed

que también vuelve,

pero tú no.

 

El cielo se abre,

tiende un pulmón

en forma de palmera y nos ancla.

La luz hace nidos de sal.

 

Nos buscamos en los fluidos, no hay nadie,

ni siquiera en el espejo.

¿Qué buscamos?

 

En los gritos de la sal

sólo hallo

estas piedras,

 

que otra vez vuelven,

y dicen: somos palabras, gritos,

pero no amor.

 

OLEAJE

Corriente plata al fin sus blancos huesos

Luis de Góngora

 

Una bandada de mares tus labios,

 

sal ida

 

que no encontraré en estas palabras.

 

 

Las gaviotas duelen a cal

sobre la línea clara,

transparentes en invierno.

 

Acis se derramó

haciendo aljófares la arena.

Así entro yo en tu orilla,

como río de estatuas

quebrándose en rocío

por el peso

del horizonte nevado.