Jacobo Lorenzo . 1983.
| DATOS BIO-BIBLIOGRÁFICOS |
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POEMAS |
Un pantano en mi mano.
Más mosquitos, ahora en las aguas estancadas de mis poemas. Sufro paludismo en las manos. Mis dedos tienen mala cara. Jirones de palabras de un lenguaje olvidado. Palabras solas. Algas que transportan enfermedad y silencio.
HAIKU PERTENECIENTE A SU SEGUNDO LIBRO, Linterna de luciérnagas, ed. Bajo Cero 2005, con prólogo del novelista Javier Fernández
Niñas pequeñas que se orinan encima. Guardia Civil.
POEMAS INÉDITOS
UNIÓN SAGRADA Los ciruelos en flor, como muchachas muertas Joan Margarit Empujo este vacío para llenarlo de mí. La astucia de la ausencia me ata con cadenas al suelo delante de las ruinas de niebla.
La playa ya ha perdido su reflejo, y la espuma a modo de tul cubre la realidad con seda y lágrimas. Al fondo, violines de sal hundiéndose en tus dedos.
INTERVALOS Para Don Antonio Molina y Hegel
Allí en el infinito también existe un centro, donde encontramos paños, para envolver la vida. En mitad de la nada surgen inexistencias que nos abren preguntas, palabras imposibles.
Dios vive adormecido por su mitad vacía, nos da la espalda y pasa en forma de accidente.
En medio de un adiós hay racimos de encuentros, ojos llenos de huecos. Pero puede haber sitios, sin luces ni intermedios, calles como la tuya, en las que se recuerdan los soles que se acaban pero nunca las lunas que empiezan siempre medias.
Tal vez somos nosotros un fallo de lo eterno.
PAISAJES DE SAKE
Penden estas adelfas y nos prenden.
Estanques, centinelas venenosos colgados de blancura. Liana asonantada por ceniza que balancea verdina con haikus.
Anocheces en Honshu y las fachadas se espolvorean en tu luz caduca. Esa purpurina de despedida encuentra escaleras y vivas puertas, cubalitros de sake.
Fuera en el escampado nieva sobre unos troncos. Abandonos de escarcha.
Encima de la cama, tu kimono vacío.
TEAS DE LUNA
Un hombre solo es un puente encendido. Lo sobrevuelan luciérnagas desnudas ardiéndole la noche.
ARENA ROTA DEL RELOJ DEL TIEMPO
Sí, amigo, las piedras son gritos que arroja el mar. Las piedras se hacen azúcar contra el pastel. Herida dulce que nos mancha las velas. Mecidos entre tantos nombres, no aprendemos a envejecer como el roble de los vinos.
No. El viento no existe, es el mar borracho, con sus olas que vuelven, con la sed que también vuelve, pero tú no.
El cielo se abre, tiende un pulmón en forma de palmera y nos ancla. La luz hace nidos de sal.
Nos buscamos en los fluidos, no hay nadie, ni siquiera en el espejo. ¿Qué buscamos?
En los gritos de la sal sólo hallo estas piedras,
que otra vez vuelven, y dicen: somos palabras, gritos, pero no amor.
OLEAJE Corriente plata al fin sus blancos huesos Luis de Góngora
Una bandada de mares tus labios,
sal ida
que no encontraré en estas palabras.
Las gaviotas duelen a cal sobre la línea clara, transparentes en invierno.
Acis se derramó haciendo aljófares la arena. Así entro yo en tu orilla, como río de estatuas quebrándose en rocío por el peso del horizonte nevado.
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